"El secreto", Donna Tartt
FICHA TÉCNICA
-TÍTULO: "El secreto" ("The
Secret History")
-AUTOR/A: Donna Tartt
-EDITORIAL: Lumen
-PÁGINAS: 770
-ISBN: 978-84-264-0030-7
-SINOPSIS: No es fácil ir haciendo amigos
en un college de Nueva Inglaterra si
eres un chico modesto y falto de afecto que llega de California, y Richard
Papen lo sabe; por eso agradece que lo admitan en un pequeño grupo de cinco
estudiantes capitaneados por un profesor de literatura clásica con mucho
carisma y pocos escrúpulos.
Los chicos sueltan comentarios en griego y
se ríen de la ingenuidad y la torpeza de los demás, pero bien mirado se pasan
el día bebiendo y engullendo pastillas, hasta que un mal día las que parecían
chiquilladas se convierten en palabras mayores. Solo entonces Richard y su
pandilla descubren qué difícil es vivir sin máscaras y qué fácil es matar sin
remordimientos.
En “El secreto”, la primera novela de
Donna Tartt, se unen la tensión de la novela psicológica, el ritmo de un
thriller y la crónica de una juventud que pide demasiado a la vida sin saber
bien qué entregar a cambio. El resultado es una obra que se encuentra entre las
mejores del siglo XX.
OPINIÓN
El
prólogo que abre esta novela nos relata una muerte que, a pesar de que el
lector no entienda su importancia hasta terminar la primera parte del libro, ya
nos avisa de cuál será el tono que predominará en toda la historia: un tono aciago, funesto.
Todo
empieza con la llegada del narrador-protagonista, Richard Papen, a una nueva
universidad. Si antes era un estudiante de Medicina, ahora se une a un pequeño
grupo de griego clásico que roza lo sectario. Con Richard, la clase suma seis
alumnos, los cuales sólo tienen un profesor, Julian, que gracias a su carácter
logra distanciarse del resto de la universidad. Así pues, dentro de ese
aislamiento voluntario al que se ven sometidos, se crea una cierta idealización
de lo que puede llegar a ser la universidad: por un lado, Julian, con su estricto método de enseñanza, consigue que sus discípulos sean capaces de hablar y escribir en griego clásico —el
sueño de cualquier estudiante de Filología Clásica— y, por el otro, la mayoría
de ellos son ricos, hecho que se ve reflejado en sus casas grandes, en sus vacaciones y en la buena comida, aparte del alto consumo de alcohol y drogas. Sin embargo, yo no concibo esa idealización de la universidad que se produce en el libro como algo negativo. ¿Que el entorno que rodea a los personajes es una falacia? Sí. Nadie, por desgracia, puede esperar que estudiando Filología Clásica —ni cualquier otra carrera— se encontrará con un ambiente parecido al que relata Donna Tartt en "El secreto". A pesar de eso, esa atmósfera idealizada es uno de los elementos clave de la novela, uno de los motivos por la cual es especial y diferente y, sólo por eso,
podemos y debemos perdonar —al fin y al cabo se trata de ficción— esa falta de
realismo.
Pero
lo más importante de esta primera parte no es sólo presentarnos a los personajes y su ambiente, sino construir una tensión
que ni el lector ni Richard son capaces de entender porque no tienen el don de
la omnisciencia —en eso consiste la
magia de la técnica del narrador-protagonista— y les falta información para
averiguar qué está sucediendo entre los demás compañeros: Henry, Charles,
Camilla, Bunny y Francis. Esto explica la longitud del libro —770 páginas—. A
decir verdad, se trata de una historia que se podría contar en muchas menos
páginas pero este tipo de narrador ralentiza la acción porque antes de llegar a
esta primero necesita comprender —y con él el lector— y ese proceso de comprensión
ocupa casi medio libro. Esto provoca que la primera parte a veces, y sólo a
veces, se haga más tediosa de lo deseado.
No obstante, si
bien es cierto que llega un momento en el que se hace pesado no entender cuál
es ese “secreto”, la espera tiene su recompensa y, cuando por fin Richard es
capaz de reunir toda la información, la verdad queda al descubierto y con ella
la verdadera personalidad de cada personaje. Todos ellos son sometidos a
situaciones límite y eso les obliga a exponerse y, en mi humilde opinión, esta exhibición es lo
mejor de la novela. En este libro nos encontramos con personajes elitistas,
sociópatas, alcohólicos, asesinos, mentirosos y cobardes y, sin embargo, el
lector consigue encariñarse con ellos hasta el punto de tratarlos con benevolencia y eso
es mérito de Donna Tartt: no es nada fácil construir unos personajes con más defectos que virtudes y conseguir que no sean repudiados por el público. Nos consigue manipular con su forma tan
mesurada, deliberada y calculada de construir la trama que cuando te das cuenta
de la verdadera naturaleza de los protagonistas, ya es demasiado tarde: por muchas cosas terribles que hayan hecho, una parte de ti no puede evitar quererlos.
Por último, esta novela se ajusta a los tres motivos clásicos para cometer un asesinato —dinero, celos o bien para cubrir otro crimen— pero no es un thriller cualquiera y eso sólo se puede comprender después de haberla leído. Dicho eso, quiero compartir un aforismo griego que, de hecho, aparece en la novela y que la resume a la perfección: χαλεπὰ τὰ καλά («La belleza es dura»). Personalmente, recomiendo “El secreto” a todo el mundo que pueda apreciar la belleza en el horror, pero especialmente a los enamorados del mundo clásico debido a la abundancia de referencias grecorromanas y, sobre todo, a los amantes de una buena novela de suspense y psicológica.
Por último, esta novela se ajusta a los tres motivos clásicos para cometer un asesinato —dinero, celos o bien para cubrir otro crimen— pero no es un thriller cualquiera y eso sólo se puede comprender después de haberla leído. Dicho eso, quiero compartir un aforismo griego que, de hecho, aparece en la novela y que la resume a la perfección: χαλεπὰ τὰ καλά («La belleza es dura»). Personalmente, recomiendo “El secreto” a todo el mundo que pueda apreciar la belleza en el horror, pero especialmente a los enamorados del mundo clásico debido a la abundancia de referencias grecorromanas y, sobre todo, a los amantes de una buena novela de suspense y psicológica.
CITAS
Aristóteles dice en la “Poética” –apuntó
Henry– que cosas tales como los cadáveres, desagradables de ver en sí mismos,
pueden volverse deliciosos de contemplar en una obra de arte.
–Y yo creo que Aristóteles está
en lo cierto. Después de todo, ¿cuáles son las escenas de la poesía que quedan
grabadas en nuestra memoria, las que más nos gustan? Precisamente estas. El
asesinato de Agamenón y la cólera de Aquiles. Dido en la fira funeraria. Las
dagas de los traidores y la sangre de César...
(Pág. 63)
Recuerdo que pensé que era como
la primera borrachera, o la primera vez que te acostabas con una chica; no era
exactamente como te lo esperabas, pero cuando ya había ocurrido te dabas cuenta
de que no habría podido ser de otra forma.
(Pág. 750).
Los fantasmas existen. Eso lo
sabe todo el mundo. Y nosotros creemos en ellos tanto como Homero. Lo que pasa
es que ahora los llamamos de otra forma. Recuerdos. El inconsciente.
(Pág. 763)

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